domingo, 22 de octubre de 2017

Retales para hilvanar unas memorias:
26. ¡PERFECTO!

viernes, 20 de octubre de 2017

Hacía tiempo que no me regalaba un libro, pero lo vi sobre el expositor y no supe detener la mano, y lo abrí al azar, con ese rictus entre clandestino y satisfecho de los examinadores de libros, y los ojos se me llenaron de razones. Leí:
"21-11-1914
Hoy he tomado, de una vez por todas y de manera definitiva, la decisión de ser Yo, he asumido el reto de intentar vivir a la altura de mí mismo, despreciar la idea de la vocación, de la socialización del pueblo, del interseccionismo...; como recompensa he recibido de nuevo la plena posesión de cuál es la naturaleza de mi Genio y mi Misión. Basta de viajar por las impresiones de otros. Solo quiero verme tal y como mi temperamento innato me exige que sea, como mi Genio, tan innato como mi temperamento, espera que sea".
Una señal. Inútil repetirme que ya tengo varias ediciones del Libro del desasosiego de Bernardo Soares, que ya dispongo de la poesía completa de Álvaro de Campos, de Ricardo Reis, de Alberto Caeiro y hasta de Fernando Pessoa en español y en portugués. Pero no tenía noticia de estas sesenta páginas de los diarios iniciados el 15 de marzo de 1906, antes de los dieciocho, y abandonados el año mismo de su muerte.
Di algunas vueltas queriendo distraerme, presté atención a ciertas novedades. Imposible... Al cabo de unos minutos regresé a la misma página, cabalgué sobre la siguiente, me detuve en una frase suelta:
"¿De verdad debo mantener relaciones sociales?"
Esa simple interrogante terminó de convencerme. Lo mostré en caja y pagué.

jueves, 19 de octubre de 2017

Enemistada con la vida, sin ninguna voluntad de sobreponerse, irreconciliable hasta con su propio pasado: así es como la veo y como la siento, y también así es como la quiero.
Y no me puedo permitir que el recuerdo futuro que alentaré de ella cuando ella ya no esté se instale en este desvarío crepuscular, en este declinar indigno, en estas miserias.
Tendré que volverme otra vez niño para restaurar su verdad en mi memoria.
Ella, mi madre...

miércoles, 18 de octubre de 2017

Últimamente se habla mucho de patrias, esto es, de identidades y de banderitas, de apellidos y de fronteras. Ayer, tal vez sirviéndose de la coyuntura -o no-, una novela del vasco Fernando Aramburu titulada oportunamente Patria -que no he leído, mea culpa, pero de cuyos dones tampoco dudo- fue distinguida con un premio que se satisface con fondos públicos, lo cual, a mi juicio, le otorga un plus de merecimiento. Me acordé entonces de una chorrada -¿alguien aparte de mí se acordará de mis chorradas?- que, a la manera de aforismo antibenemérito, di a imprimir allá por el año 1990, y luego en 1993, en un ilusionadísimo debut literario que titulé Imágenes de archivo, y que transcurrió tan desapercibido como todo lo demás. Decía así:
"Es hora
              de dar
la Patria
              por la Vida".
Y puedo certificar hoy que no me desdigo ni un ápice.

martes, 17 de octubre de 2017

Pienso a veces que si el cuerpo necesita una tregua, él solito se las ingenia para encontrarla, sea en forma de una pierna rota o de una lumbalgia sin aviso ni precedente. El reposo en cama permite la lectura, aunque sea en dosis cortas que duran dos o tres páginas, porque el estatismo horizontal cansa los miembros y obliga a cambiar de lado o a entornar los ojos o a mirar el paisaje fijo tras la ventana.
Ayer -no hay mal que por bien no venga- conseguí leerme "El lugar de la literatura en la educación", de Lázaro Carreter, que llevo posponiendo años. Sorprende la clarividencia, el análisis y el diagnóstico de un descrédito al parecer irreversible, pues el discurso, con hechuras de conferencia, sirve de prólogo a un compendio muy surtido y de alto prestigio -colaboran especialistas de la talla de E. Alarcos, M. Alvar, Baquero Goyanes, J. M. Blecua, Laín Entralgo, R. Lapesa, M. Mayoral, Gregorio Salvador o Zamora Vicente- que, sobre el comentario de textos, editó Castalia en el remoto 1973.
Articulado en doce secciones, en la quinta cita un trabajo del profesor norteamericano L. Kampf donde acusa a sus colegas de haberse burocratizado, pues para ellos enseñar literatura ha dejado de ser una misión para convertirse en un oficio; en la sexta se refiere Lázaro a la irrupción de "la era técnica" y al impacto nefasto que el consumismo tiene y tendrá sobre la docencia de las humanidades; en la séptima suscribe las palabras del inglés Colin Falk sobre los efectos alienantes de una civilización tecnificada, y plantea la necesidad moral de que el profesor de humanidades defraude las esperanzas que el Estado y buena parte de los ciudadanos ponen en él: uno ha de elegir entre insertar a sus alumnos en la sociedad actual o educarlos contra ella, y, si es honesto, la única opción posible es combatir la sociedad técnica, conflicto que no se establece contra la ciencia misma como "preclara manifestación del espíritu humano", sino contra el ciego y deshumanizante puesto que se le está atribuyendo en la jerarquía de los valores.
Frente a la transmisión historicista de contenidos literarios clásicos -más aún, frente a las nuevas cosignas utilitarias que privilegian los estudios de Lengua-, el bueno de Lázaro defiende la Literatura en tanto que explicación de textos -esto es, el comentario-, sustituyendo en los alumnos la beata admiración por el ejercicio de la crítica: "La Explicación de Textos tiene que habituar a los alumnos a entender y a disentir, lo que equivale a consentir con plena responsabilidad".
Y concluye de esta guisa: "A través de la discusión de los textos, de una lucha a brazo partido con ellos, [el profesor] estará inculcando a los futuros adultos las virtudes del examen crítico, de la desconfianza ante lo evidente, del asentimiento o la disensión conscientes. Estará, sencillamente, educándolos para la democracia, para la razón como única fórmula persuasiva, para la participación indiscriminada en una cultura no alienante, la cual no puede destruirse para regresar a la prehistoria, ni dejarse de lado porque estorba para la eficacia técnica, ni ahogarse para que pueda sobrevivir el modelo antihumano del hombre consumidor. Una cultura, en suma, como dice Kampf, que satisfaga el instintivo deseo humano de verdad, bondad y belleza".
Releo y subrayo: "modelo antihumano del hombre consumidor". ¡Ahí es nada...!

lunes, 16 de octubre de 2017

Cuando me desperté de madrugada, a eso de las cinco, tras un sueño en el que incordiaba con su coche aquel primo al que enterraron hace casi veintitrés años, supe que no me podría incorporar de la cama.
He dormido a intervalos, no he avisado en el trabajo. Tengo al alcance de mi mano el dispositivo de una manta de calor, un discurso muy antiguo de Fernando Lázaro Carreter sobre el lugar de la literatura en la educación, una botella de dos litros de agua mineral, el tubo de crema antiinflamatoria Radio Salil, un ejemplar de la cuarta edición del ensayo Educar en la realidad (Catherine L'Ecuyer, 2015) y, cargándose, el ingenio de la telefonía móvil.
Levantarme para ir al servicio se me hace un mundo, pero al fin lo logro, encorvado, sujetándome a las paredes. Regreso con el mismo patetismo, eludiendo la verticalidad completa.
A falta de otro diagnóstico, temo que este aguijón que me horada ambos riñones no remitirá sin algún pinchazo.

domingo, 15 de octubre de 2017

Dos horas antes de que acudiese el coche de la policía y luego la ambulancia y finalmente la jueza que redactó el acta, la calle era la calle de cualquier ciudad sureña a mediados de agosto. En la cocina -apenas una hora antes- mantuvo una conversación de diez minutos con su esposa, y tácitamente acordaron que sería ella la que se pondría en contacto con un abogado amigo del matrimonio. Después, durante más de media hora, el hombre afeitó su barba de tres días, frotó sus miembros bajo la ducha, se aplicó crema en la cara y desodorante en las axilas, se escrutó desde la extrañeza en el espejo. Las aspas del ventilador del dormitorio lo mantuvieron sentado al borde de la cama mientras fumaba un cigarrillo y luego otro, con una toalla a la cintura. El ruido del tráfico le llegaba distorsionado, como si se anticipara a la sorpresa. Abrió la puerta del balcón, dio un par de pasos vacilantes, heridos de sol, y se asomó al vacío desde sus siete alturas. En la fachada lateral, una joven medio desnuda leía un libro y se atusaba el cabello. La esposa seguía tal vez en la cocina. Casi sin esfuerzo, tomó impulso y saltó.
Retales para hilvanar unas memorias:
25. LECTURA EN EL GAYA.

sábado, 14 de octubre de 2017

Un dietario es un diálogo escrito que el protagonista sostiene consigo mismo, incluso cuando se declara abierto a un público lector. La honestidad es su divisa, aunque a menudo confunda los márgenes entre la realidad y la ficción, entre lo soñado y lo vivido; aunque afloren los inevitables narcisismos. Y si pretende jugar otra baza, o aguarda algo más, o se atisba estrategia, entonces se convierte en otra cosa.

jueves, 12 de octubre de 2017

La repentina conjura de las obviedades, la multiplicación de los presagios antiguos, el peso del desengaño. Los días amanecen desnortados, las causas fluyen sin fe, la voluntad reniega de sí. Aquellas ensoñaciones se transformaron en quimeras; poco a poco asumen su papel subsidiario, su insignificancia y su nada. Todo esfuerzo se antoja inútil, todo objetivo se revela efímero.
Insomnio de un escritor que no escribe, de un lector que no lee.