miércoles, 23 de agosto de 2017

Tarde en la playa, ayer, escuchando el batir de olas y las sirenas de las ambulancias. A las columnas habituales de humo que persisten del otro lado de la montaña se suma la noticia del terremoto en la isla de Ischia, a solo un centenar de kilómetros de aquí. Las palomas picotean alrededor de los últimos cuerpos tendidos sobre la arena, demasiado cercanas, casi agresivas, y las gaviotas planean sobre nuestras cabezas cobrando la apariencia de pájaros enloquecidos en un antiguo film de terror. La puesta de sol va instaurando en la atmósfera una sensación de calma tensa, decadente, como si releyera páginas de La muerte en Venecia. Irritabilidad. Desánimo.

lunes, 21 de agosto de 2017

No debería afligirnos el error -o lo que por tal juzgamos siempre a posteriori, desligado ya del alma de los hechos y de las voluntades de su inercia-, sino la repetición del error, la reincidencia.

domingo, 20 de agosto de 2017

Retales para hilvanar unas memorias:
17. LAS BALSICAS.

sábado, 19 de agosto de 2017

Cómo se puede prever el fanatismo destructivo, cómo anticipar el resentimiento y el odio indiscriminado en el rostro de un muchacho de diecisiete años que mira la pantalla de su teléfono móvil y se hace él mismo una foto y después la cuelga en la red, como cualquier muchacho de diecisiete años. Dónde vive agazapada la amenaza, dónde levantamos la frontera de la sospecha y del miedo, dónde los estandartes de la intransigencia.
En las últimas horas me visita a menudo la escena vivida hace unos días en Roma, en la línea de tranvía entre Trastevere y Colosseo, cuando en el asiento de atrás un joven de apariencia árabe murmuraba sus rezos con las manos abiertas, el dorso sobre los muslos, y los ojos entornados, en trance. Me recorrió el pensamiento una leve inquietud -mi hijo y mi mujer estaban conmigo- que solo respiró de alivio en el instante en que el individuo, tras incorporarse, saltó a la acera.

viernes, 18 de agosto de 2017

Casi a última hora nos enteramos del atentado en Barcelona y se diluyó el deseo de subir a cualquier tren para ir a ninguna parte.
Hemos caminado hasta la playa pública (he aquí la excepción, pues un altísimo porcentaje de la costa de la península italiana ya fue privatizado) con un ejemplar del Corriere della sera y el titular inevitable. En las colinas de la ribera se apreciaba con claridad espeluznante la línea del humo y la llama viva de uno de los incendios que arrasan la comarca desde hace días y semanas, ante la indiferencia o la resignación o no se sabe qué de lugareños y bañistas.
Todo parece más raro hoy, enrarecido por el impacto y la distancia, abrumado por la sinrazón y la barbarie.
Nápoles sabrá esperar. O quizás no.

jueves, 17 de agosto de 2017

Y mañana, quizás, Nápoles: excolonia española, templo de la pizza, santuario de la mafia, escuela para turistas descuidados, paraíso y pecado de Maradona.

miércoles, 16 de agosto de 2017

A propósito de Pavese, pocos títulos más insulsos y desganados, más antipoéticos, que aquel que el autor piamontés quiso dar al conjunto de sus poemas: Lavorare stanca.
Lo que cansa es viajar, que a fin de cuentas es un trabajo que implica a todos los miembros y sentidos, y a todos los exacerba y los pone al límite bajo la bonita excusa de la novedad. Cansan los más bellos paisajes, las maletas que no cierran, los enclaves de postal anacrónica, los transportes masificados y sin aire, las expectativas y propósitos, el miedo a perder el avión, un simple caffé en una piazza céntrica, el niño que se rebela y grita y llora y nos desquicia, algunos paseos sin tiempo por la parte antigua, la maldita maleta que sigue sin cerrarse y hasta una cena elegante entre tú y yo.
Todo cansa, mas todo esculpe la memoria de lo vivido y compartido.
Viajar es un trabajo muy cansado.

martes, 15 de agosto de 2017

Ferragosto es como una institución del almanaque italiano, el día que sesga el mes y marca un antes y un después en las vacaciones y en la estación del calor. Las ciudades se quedan semivacías, fantasmales, los establecimientos cierran por una o varias jornadas y todo el que puede se va a la playa o al campo. En Salerno también se nota, pero menos que en las grandes urbes del interior.
Creo que fue Natalia Ginzburg, creo que en una página precisa de Léxico familiar, quien apunta al ferragosto turinés de 1950 como la causa pasiva del suicidio de Pavese, su amigo.
Cetara es un pueblo de la costa amalfitana (Amalfi es otro, más importante) que queda a unos once kilómetros de Salerno.
El acceso en autobús, ayer, se complicó más de lo habitual por la cantidad de pasajeros (tantos sentados como en pie, sin contar los que se quedaban en tierra sin poder subir y gesticulando improperios) y por las retenciones de tráfico al tratarse de un día crítico, víspera de ferragosto. El hombre de al lado se empeñaba en hablarme mientras yo sujetaba a duras penas a Darío y sufría por su madre, ubicada en el otro lateral, con vistas al acantilado. Una estampa tercermundista sin salir de Europa, en la paradójica Italia.
Nos apeamos al cabo de una hora de giros en ascenso, bocinazos y promiscuidad de fragancias. El sol caía pleno, de plano. La fila de casas se adentraba en la ladera siguiendo el curso de la calle principal, la misma que por el otro flanco nos desembocó en una placeta con sombras frente al puerto y la playa. Comimos como pudimos, aunque bien y barato, en un banco público privilegiado, un poco por encima de los cientos de cuerpos arracimados bajo las sombrillas de pago, algo más lejos de los espolones de piedra y cemento que albergaban a su vez a decenas de pingüinos y pingüinas en traje de baño.
Lo mejor fue el regreso en barco, en apenas quince minutos, mirando (palabra de Darío) las montañitas que forman las olas y el jabón de leche que va dejando su estela a nuestro paso; y también, arriba, rozándonos casi, la maniobra de las avionetas que amerizaban unos segundos para llenar los depósitos que arrojarían después sobre alguno de los incendios próximos, seguramente intencionados.

domingo, 13 de agosto de 2017

Retales para hilvanar unas memorias:
16. A ESTE LADO DEL TIEMPO.