viernes, 20 de enero de 2012

ME CONTARON QUE

Me contaron que lo habían previsto para el 20 de diciembre, pero mi madre erró el cálculo y todo sucedió con la exacta diferencia de un mes. Fue a la hora de la siesta de otro viernes de enero, día de frío y de sol cuya adscripción al zodíaco se disputan todavía dos signos, Capricornio y Acuario, aunque a mí me da que el que mejor se aviene a mi persona es el de la cabra que tira al monte. Todo sucedió en el dormitorio de la casa -calle Palomar Bajo, número 22-, sin sábanas ajenas ni paliativos del dolor ni útiles quirúrgicos sofisticados. A falta de médico, participó en el parto Juanita la Comadrona, célebre en aquel pueblo que hoy se me antoja tan lejano. Nadie acierta a decirme cuánto medí ni cuánto pesé al nacer, probablemente no eran datos de importancia en esos años sin hábitos de pediatría, pero sí me han contado muchas veces que salí con dos vueltas de cordón al cuello y que mi padre estaba dignificando la puerta de la casa con una baldosa de cemento, así que hubo que disponer un tablón para que accedieran las visitas.
Ahora el arco de la vida dibuja un ángulo simbólico de 45 grados, la báscula que esta mañana me sostuvo en ayunas sentenció la cifra de 78,4, hace mucho tiempo que no me ocupo de medir mi altura en centímetros.
Últimamente duermo bien.

2 comentarios:

María dijo...

¡Zorionak, Pedro, zorionak!

Anónimo dijo...

Precioso texto Pedro.

Juan Ballester